CONFIANZA EN MI SEÑOR JESÚS, CONFIANDO EN MI PADRE Y EN EL ESPÍRITU SANTO
by// Damelys María Martínez Rosillo (19-01-16)
Ahora veo, hoy siento, la responsabilidad que has depositado en mí, amado Padre. Hoy, creo, que has hecho millones de milagros en mi vida. hoy, año nuevo, 2016, te seguiré confesando con frutos de mi boca y de mis labios, confieso a tu Hijo, como mi Salvador, como el Siervo, que tomó forma humana para servir a la sociedad, te confieso Jesús, delante de los hombres porque me has sanado. Me has dado vida, el fruto del Espíritu, y has sanado a mi hijo.
Me das ánimo, para vencer las dificultades, y me siento feliz por ello. Puedo decirte ¡Amado Padre!, ¡Gracias, por tu Hijo Jesús, el Cristo!. Porque me has llamado "hija", me has dado un nombre, "Cristiana". ¡Hoy, formo parte de tu rebaño de ovejas.! ¡Te lo agradezco, Amado Padre!
En una oportunidad era la oveja 99, cuando sin conocer tu Palabra, hacía todo en mis fuerzas y caía desfallecida. Ya no las tenía para seguir luchando, pero en mi interior, un poder sobrenatural me levantaba cada día, para enfrentar en mi trabajo, la adversidad.. Hice miles de tareas. Y trabajé y trabajé hasta el cansancio. Atendí a miles de jóvenes durante 25 años, y allí se iban mis fuerzas juveniles, mi pasión por la vida, por la poesía, por la hechura del cuento y sus tramas, el amor a mi familia, el amor que sentí por mi amado esposo (QEPD).Y, tú veías todo lo que hacía, Amado Padre.
Te acuerdas cuando me salvaste de morir ahogada, en el río Grande, vía hacia Carúpano, solo tenía 7 años, Sucre. Te acuerdas, Padre amado, cuando me salvaste de morir quemada, cuando jugábamos con una vela, y mi falda se incendió, a los 8 años. ¡Te acuerdas, Padre Celestial! Cuando me salvaste de morir atropellada cuando tenía catorce años de edad, y mi pie izquierdo quedó apretujado entre las ruedas de un camión sin chasis. ¡Todavía, tengo ese recuerdo físico! ¡Gracias, por restaurarlo y arreglarlo, porque el cirujano que debía verlo, recomendó un yeso suave, todos los tendones amontonados y los nervios rotos! ¡Gracias, por ese milagro! Por eso uso zapatos cerrados y pocas sandalias. ¡Te acuerdas!, Padre, cuando me salvaste, de un acné terrible a mis diez y ocho años, y tenía feas cicatrices, y me sanaste!¡Gracias, amado Padre, por sanarme! Te acuerdas, Padre Amado, cuando me sanaste emocionalmente, cuando perdí a dos bebes en embarazos ectópicos. ¡Me salvaste la vida! Te acuerdas, Amado Padre, cuando estaba estrenando mi carro, regalado por ti, y un chofer descuidado me chocó, ¡Me salvaste, la vida!
¡Gracias, por salvarme la vida, amado Padre! ¡Te amo!
Por otra parte, mi vida era, una obra de teatro contemporáneo, en la que era la principal protagonista. A veces, cuando subía el telón, era de comedia, parodia,, pero, también, fue de tragedia. La pérdida de mi padre biológico, a los 14 años.
La falta de bienes materiales para desempeñarnos en la sociedad de la época, una sociedad que asomaba el inicio del desbordamiento de la tecnología, hizo que aplazara dos veces consecutivas, el tercer año. Comencé a trabajar, a los diez y siete años, me hice mujer con responsabilidades, antes de tiempo.
Cuando otras niñas de mi edad, sus padres las llevaban al colegio, a mí me llevaban, los deseos de superación, de no pasar hambre, el deseo de crecer en otros ambientes favorables, a no rendirme, a ser valiente.
Enfrenté mi vida con esfuerzos, sacrificios, estudiando y trabajando de día y noche. Me compraba mi propia ropa, mis zapatos a mi gusto, leía mis revistas de moda favoritas. En mi bolso, había dinero ganado con mi propio esfuerzo trabajando en una librería.
Así, seguía mi vida en dirección a la libertad, a ganarme un puesto con mis iguales en la dura sociedad de la época.
¡Jamás me sentí enferma! ¡Jamás me sentía triste!
Las lágrimas, las aprendí a valorar y a no dejar que asomaran a mi rostro. Al iniciar la universidad, aprendí otra responsabilidad.
¡Gloria a Dios! ¡Gracias, Señor Jesús, por aprender a desarrollarme, a estudiar, a crecer! ¡Gracias, a ti, Amado Señor! Soy la que soy, tu servidora.
Ahora, siento, que soy responsable de mis palabras porque me has juntado con quienes siempre quise estar, con mis hermanos y hermanas en Cristo Jesús, para declarar tu Palabra de Sanidad, de fortaleza, amor por la humanidad.
Llegó el momento de la verdad, los momentos del desbordamiento emocional sanador. Momentos de momentos, de expresión para vociferar y gritar a los cuatro vientos, y sí hay más, a ellos también.
Soy cristiana, el Señor Jesús me ha sanado y me sana cada momento, transforma a mi familia y la hace suya.
Sanando la herida de poder ver a las personas más amadas. Personas valiosas en mi vida que me ayudaron a ser mejor cada día. Y, aquellas que no están, pero que dejaron valiosos aportes circunstanciales que me han hecho ser yo, un yo, menos egoísta, un yo menos egocéntrico, a otro, más Cristo céntrico, porque el Espíritu Santo llegó a mí, para hacerme suya para siempre y por siempre.
¡Gracias, Abba Padre! Por tu llamada aquella madrugada de mayo, cuando inicié la apasionada vida como cristiana. Más que una religión, es una constante relación de amor y de corrección de parte de Dios, hacia mi vida y mi familia.
¡Te amo, Abba, Padre!
¡Gracias, por la vida!
¡Gracias, por el día de hoy!
¡Gracias, por permitir expresar mis pensamientos para compartirlos con quién colocas a leerlos!
¡Gracias, por permitir ver el brillo de la belleza natural, mientras camino!
¡Gracias, Padre Amado, por el milagro sanador, en mí!
¡Gracias, millones de gracias!

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