LA BELLEZA INTERIOR PROVIENE DE LA LIMPIEZA DEL CORAZÓN, DEL ALMA, DE LA MENTE
Dios es un Padre lleno de amor. Su amor nos embellece de adentro hacia afuera. Nuestro "Yo interior", inicia un proceso de reconversión en la intimidad del ser, es necesario que pasemos muchos momentos a solas con Él. Su amor no es egoísta, nos da la prioridad en todo momento. Su compañía es la más relevante cuando estamos en momentos de llenura espiritual. Esa llenura espiritual, sólo la da el Espíritu Santo de Dios. Su Presencia es nuestra inagotable Unción en su Bautismo. Nos aparta para que le busquemos en todo tiempo, y nos abandonemos en su Vida, en su Hijo Jesús.Conoce nuestro sentir antes que le pidamos algo. Produce en nosotros una alegría y goce espiritual, indescriptible, ninguna metáfora construida por hombre alguno, podrá describir esa inefabilidad.
Nos instala en el éxtasis de la Divinidad, conjuntamente con la pureza del amor. Nos produce sentimientos de dependencia hacia Él. Como niños, mientras necesitamos sus cuidados, mimos y ternura. Nos enseña a aprender a aprender cómo es su amor, lo que necesitamos de Él, nos provee, nos cuida, cela hasta que podamos estar firmes para poder enfrentar la vida espiritual. No es fácil, este proceso. A veces, nos hace vivir en situaciones venideras y nos prepara para ello, hasta formar el verdadero carácter de un hijo suyo. Pasamos horas de estudio. Tiempo de adoración. Tiempo de Alabanzas. Tiempo de oración. Tiempo de Gloria.
Tiempo de fidelidad, de firmeza, y del fruto del Espíritu.Todo éso ocurre en soledad, pasan meses, años, hasta que nos conduce a sus verdaderos planes y proyectos. Del mismo modo, nos hace reaccionar con firmeza para todo lo que desea hacer con nosotros. Su belleza es transmitida a través de su Palabra, de sus excelentes noticias, pero sobre todo nos prepara para cada dulce momento de amor, transformando nuestro corazón, alma y mente con anticipos de sus acciones de amor y ternura, para poder entender lo que desea es necesario estar en soledad. Para poder decirle ¡Te amo, Abba, Padre! de la manera que desea oír de nuestra boca, mimos, para que no seamos hipócritas o interesados.
¡Gracias, Amado Padre!, por enseñarme en todo tiempo su amor. Sólo así, nos entrega su belleza y semblanza.
¡Gloria a Dios!